Dar forma a la IA antes de que ella dé forma a la sociedad

Dar forma a la IA antes de que ella dé forma a la sociedad

16.07.2026

Dar forma a la IA antes de que ella dé forma a la sociedad

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Cabeza de robot con conexiones abstractas

Un adolescente que hoy navegue por las redes sociales puede toparse con un discurso político «deepfake», una canción generada por IA, una noticia falsa y una grabación de los Beatles restaurada digitalmente, todo ello en cuestión de minutos. El reto ya no es si la inteligencia artificial transformará nuestras sociedades. Ya lo ha hecho. La verdadera pregunta es si podemos dotar a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes, de las herramientas necesarias para desenvolverse en esta nueva realidad, al tiempo que preservamos los valores que definen nuestras democracias y culturas. 

La inteligencia artificial está transformando la forma en que aprendemos, creamos, nos comunicamos y participamos en la vida pública. En el ámbito educativo, ofrece oportunidades sin precedentes para el aprendizaje personalizado y el acceso al conocimiento. En el ámbito cultural, abre nuevas posibilidades para la expresión artística, la conservación del patrimonio y la colaboración creativa. Sin embargo, estas oportunidades van acompañadas de graves riesgos, que van desde la desinformación y la manipulación hasta las amenazas contra la propiedad intelectual, la integridad artística y el debate democrático. 

Para el Grupo del PPE, no se trata simplemente de un debate sobre tecnología. Es un debate sobre la democracia, la educación, la cultura y la competitividad futura de Europa. La inteligencia artificial ya está influyendo en la forma en que los ciudadanos acceden a la información, en cómo se crea y se consume la cultura, y en cómo los jóvenes interactúan con el mundo que les rodea. 

A medida que los contenidos generados por la IA están cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana, la transparencia se vuelve esencial. Los ciudadanos deberían poder comprender cuándo y cómo se ha utilizado la inteligencia artificial para crear textos, imágenes, grabaciones de audio o vídeo. La confianza en la era digital depende no solo de la innovación, sino también de la claridad y la rendición de cuentas. 

En toda Europa, las redes sociales se han convertido en una fuente principal de información para las generaciones más jóvenes. En una era en la que la IA puede generar textos, imágenes, audio y vídeo convincentes a gran escala, distinguir la realidad de la ficción resulta cada vez más difícil. Las consecuencias afectan a la confianza en las instituciones, a la cohesión social y a la capacidad de los ciudadanos para participar de forma significativa en la vida democrática. 

Al mismo tiempo, la IA está transformando la cultura de formas que habrían parecido inimaginables hace solo unos años. El uso de la tecnología de IA para restaurar la voz de John Lennon y permitir que los Beatles completaran «Now and Then» demostró cómo la tecnología puede potenciar la creatividad humana en lugar de sustituirla. 

Pero la IA también plantea cuestiones fundamentales sobre la autenticidad. Más de ocho de cada diez europeos afirman que prefieren los contenidos creados por seres humanos en lugar de por la inteligencia artificial. Entienden que la cultura no es simplemente la producción de contenidos. Es expresión, identidad y conexión humana. 

Como señala el papa León XIV en su reciente encíclica «Magnifica Humanitas», la inteligencia artificial no es neutral ni en su desarrollo ni en su impacto. Las decisiones que toman los desarrolladores, las empresas, los responsables políticos y los usuarios influyen en la forma en que estas tecnologías configuran nuestras sociedades, economías y democracias. Por eso, el enfoque de Europa debe guiarse por un principio sencillo: la innovación y la responsabilidad deben avanzar juntas. 

El Grupo del PPE considera que Europa debe adoptar la IA como herramienta para el progreso, garantizando al mismo tiempo que la creatividad humana, los valores democráticos y la diversidad cultural sigan siendo su núcleo. Aunque Europa ya ha dado pasos reguladores importantes, la legislación por sí sola no basta. 

El marco legislativo actual no se diseñó para abordar todas las características específicas de los sectores culturales y creativos. La estrategia de IA para los sectores culturales y creativos, que se espera que la Comisión Europea ponga en marcha a principios de 2027 como parte de la Brújula Cultural Europea, debería ser, por lo tanto, ambiciosa, exhaustiva y atenta a las preocupaciones de los ciudadanos. 

Los sistemas de IA generativa dependen en gran medida de las obras culturales y creativas; sin embargo, los creadores suelen carecer de transparencia en cuanto a cómo se utiliza su trabajo y si reciben una remuneración justa cuando se genera valor a partir de él. Al mismo tiempo, los algoritmos de recomendación determinan cada vez más lo que las personas ven, oyen y descubren en línea. 

Si estos sistemas favorecen la escala y los resultados comercialmente predecibles, corremos el riesgo de marginar a los creadores independientes, a las lenguas minoritarias y a la diversidad cultural que constituye el núcleo de la identidad europea. 

Por lo tanto, la educación debe convertirse en nuestra primera línea de defensa y en nuestra mayor oportunidad. 

La alfabetización digital, la alfabetización mediática y la alfabetización en materia de IA deben considerarse competencias esenciales para el sigloXXI. Los jóvenes europeos deben aprender no solo a utilizar las herramientas de IA, sino también a comprender sus limitaciones, evaluar críticamente la información y reconocer la manipulación cuando se encuentren con ella. Al mismo tiempo, hay que apoyar a los creadores, las organizaciones culturales y las instituciones educativas para que se adapten a un entorno digital en rápida evolución. 

El momento no podría ser más urgente. Las capacidades de la IA están evolucionando más rápido de lo que nuestras instituciones, nuestros sistemas educativos y nuestras políticas culturales pueden adaptarse. En una época de creciente competencia geopolítica y polarización cada vez mayor, Europa debe invertir en las competencias, la creatividad y la resiliencia de su población. 

Europa se enfrenta ahora a una elección decisiva. Podemos permitir que la inteligencia artificial moldee nuestras sociedades en función de incentivos comerciales, o podemos asegurarnos de que esté al servicio de la creatividad humana, la resiliencia democrática y la diversidad cultural. 

El futuro no lo decidirán únicamente los algoritmos. Lo decidirán los valores que les infundamos y los ciudadanos a los que empoderemos a través de la educación. Si lo hacemos bien, la inteligencia artificial no mermará nuestra humanidad. Nos ayudará a expresarla más plenamente que nunca. 

Notas a los editores

El Grupo PPE es el grupo político más numeroso del Parlamento Europeo con 184 Miembros de todos los países

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